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Sequía Emocional

by Mar Marquez
Sequía Emocional

Sequía emocional.

Cerrado por vacaciones. Me río de Janeiro.


La mujer segura, la mujer indómita, la mujer irascible, la incomprendida, la que habla desde las vísceras, aquella en la que prima el corazón.

La mujer cuerda, la borracha de atenciones, la mujer protagonista, la servil,la que habla desde la razón, aquella en la que prima el silencio.

La mujer salvaje, la otra: la aprendida, la que es hija y hermana y amiga, la mujer celosa, la abandonada, la que quiere querer y no sabe cómo, ni cuándo ni a quién. La que lo entiende todo y la que no entiende nada, la que escucha a los que no tienen sed de oírla, la que cuenta hasta diez, veinte y cien antes de firmar, la que salta en paracaídas y la que regaña a todos por no llevar cinturón de seguridad, de castidad, de fuego, de Orión.

Madre de emociones ajenas, cuidadora de los afligidos, concesora de deseos carnales, payasa de media tarde y prostituta de su historia vital.

Exhaustas.

La caprichosa, la chiflada, la mística, la irreverente. La que odia y detesta, la que exige armonía energética y material. La que finge. La autocompasiva, la exigente, la insatisfecha.

También la mujer dulce, cocinera de alegrías, la que besa y abraza, la que viste y calza, la que tiene frío, hambre y sed de todo. La adicta, la filósofa, la que vuelve cuando tú vas, la que se engaña y se quiere así. La que comprende y perdona. La nunca juez.

Esas, todas esas y , como digo, alguna más, se han ido de vacaciones emocionales durante un tiempo. “Vuelta abierta,” indica su billete. Pero si les preguntas, cada una de ellas te contará una verdad y una mentira diferente.

Mi corazón está cerrado por vacaciones, y mis piernas también. He castigado a mi coño ardiente al rincón de pensar. A mi amor al amor, a la esquina contraria. Tienen prohibido hablar entre sí, pensar, moverse, decidir.

No ha sido fácil:

A mi coño le tuve que engañar con un juego de bondage, como a un perro con un filete. ¿La imagen del burro y la zanahoria, sabéis? ¿Se visualiza verdad?

-“Ven bonito, veeen” , le dije mientras movía un saco de cuerdas.

Empezó a babear. Un condicionamiento clásico de libro, vamos. “Siéntate aquí, guapete”, le dije sin pestañear. Y ahí se quedó desde hace…

Me mira haciéndome ojitos, le acaricio como un buen chico después de un día productivo y le olvido sin más. Pero como el que hace la ley, hace la trampa, anda mojándome sueños y regalándome experiencias orgásmicas extrañas y diversas desde ese otro lado de la almohada. (Mi primer orgasmo de pezones sentido en sueños, por ejemplo…. aún no me lo puedo creer, y no me puedo quitar la sensación y la imagen de lo que ocurría en él)

Mi razón tuvo una tremenda lucha con el corazón que lo estaba llenando todo de rojo.

Andaba el cabronazo pintando las paredes de mi intelecto y mi cordura como un niño que dibuja su obra maestra en las paredes del salón.

No entraba en razón y casi le echan del colegio del entusiasmo.

Probé varias técnicas que habían resultado infalibles en alguna otra ocasión: hablar, callar, respirar, pasear, bailar, estirar. Había sólo faltado llorar cuando irrumpí rompiendo el patrón y ataqué desde una nueva idea:

– la técnica Er.

Siempre , justo antes del ejercicio de llorar, me paro en seco y busco otras alternativas. Los verbos de la primera conjugación no me estaban dando resultado. Podría haber continuado con una lista infinita de: gozar, cantar, silbar, lanzar, cagar, que ninguno me habrían funcionado.

Amar era la trampa. Era altísimo el riesgo de volver a caer en este verbo disruptor sin más, tan solo cambiando algunas sílabas, por lo que la terapia no estaba funcionando. Una lucha de titanes, hasta que la razón supo parar este atentado de su contrario: aplicación inmediata de inyecciones Er.

Verbos de la segunda conjugación, que darían una segunda oportunidad al circuito de razón-pasión que no estaba logrando restablecer.

Oler, ver, hacer, comer, beber, comprender (me), y el más grande de todos: leer.

Encontré mi refugio, ese nido de polluelo temblón donde todos necesitamos ampararnos alguna vez: comer bien (pío), beber más agua (piío), comprender el tiempo, los tiempos, comprender mi espacio (piiiío), mi necesidad de ralentizar, de echar el freno y ver como gira todo alrededor de mí (pío, ñej). Mantenerme estanca, observadora, abierta al futuro y sensitiva (el más grande de todos los píos).

Sentir más y pensar menos. Dejarme llevar por las letras, por las historias de otros, noveladas, biográficas. Aprehenderlas, paladearlas, moldearlas como si fueran el barro mismo que son las tazas, los jarrones y vasijas bajo su apariencia diferente.

El amor es el mismo barro que modela cada vida, con sus matices y peculiaridades en cada uno, pero con la misma sed de sentirnos en el tacto y los ojos de ese ‘otro más otro de todos los otros’. Tu otro. Tus otros. Tu yo. Tus yoes. Todos castigados en el rincón del aprender a sentir y dejar de pensar.

Mientras, compro libros que me nutran en esta bonita cárcel de cristal desde la que me quedaré mirando el mundo por un rato.

La Mujer Salvaje que a veces desoigo me ha hablado. Y yo, obediente, respondo y respiro, sin soltar la mano de la cordura que me hace caminar a carcajadas y feliz.

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