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No tengo la tetas grandes,

by Mar Marquez
No tengo la tetas grandes,

No tengo la tetas grandes,

¿por qué quieres serme fiel?


— Eres el amor de mi vida, quiero casarme contigo y estar toda la vida juntos.

— Vale, sí, tú también eres el amor de mi vida, pero…¿Eres consciente del tamaño de mi pecho?

— Sí

— ¿Y de que sé que te gustan las tetas gigantes operadas?

— Sí

— ¿Y de que yo jamás me sometería a una operación estética?(Sabe lo que dice, le encanta su propio pecho redondo y turgente, además de que le aterran los quirófanos y ni siquiera se operaría por una enfermedad grave)

 Mmm…sí. (Nunca creerá del todo que esa puerta esté cerrada con llave)

— Vale. Nos casamos, mi amor. Entiendo que lo que pides para ti es que jamás de los jamases desde el tiempo que llevamos juntos hasta el día que te mueras, (y te vas a morir antes que yo porque las mujeres vivimos más), vas a volver si quiera a rozar unas de esas tetas gigantes que me encanta cómo te ponen.

Poco a poco dejarás incluso de verlas porque te pondré mala cara cuando salgan en televisión y se te caiga la baba. Y del trabajo te vendrás a casa a cuidar de los niños porque me iré al curro del que saldré lo suficientemente cansada y tarde como para no tener que follar del mismo modo que la última vez y que la anterior, que no recuerdo ni cuando fue.

El historial de internet tendrás que borrarlo de continuo, hasta que intentarás revelarte un día en el que sopesarás si la paja con la picha medio tiesa que te hiciste con la tetona la noche anterior compensa con el terrorismo psicológico de la bronca que te acabaré echando cuando lo descubra.

Y hasta el mismo día de tu muerte tendrás que conformarte con follarme por detrás si quieres ver carne en movimiento.

Lo recalco: nunca jamás en toda tu vida — que solo tienes una y luego te mueres y negro, caput, silencio — vas a volver a tocar la piel suavemente diferente de un pecho bien hinchado de pezones diferentemente golosos, ni vas a volver a ver el balanceo de su carne sobre ti, sobre tu cara, sobre tu polla, ni podrás asfixiarte dentro del par, ni soltar tu leche en el profundo canal. Jamás, hasta que te mueras, amor mío.

¿Eso es lo que pides para ti? ¿Quieres casarte y prometerme amor, fidelidad y cumplimiento de las normas del contrato matrimonial? ¿Es eso lo que me pides a mí?

Porque yo no sé si quiero no volver a abrazar a un hombre muy alto. Ni si quiero no dejarme excitar ante una conversación intelectual para no sentirme culpable. No sé si quiero no volver a follar conversando, usando largas frases como estímulo en cada penetración. Ni si quiero no volver a tocar hasta mi muerte el cuerpo de otra mujer…

Te lo dudo desde el amor más profundo, amor mío. Vida mía.

Yo me caso contigo si amas mi idiosincrasia, si sonríes ante lo que me hace feliz, sea lo que sea.

Quiero que acompañes mi paso por el mundo.

Compañero, amigo, amante, observador. Compañera, amiga, amante, observadora. Amor mío.

Y si te tienes que ir vete, y si tienes que volver vuelve. Vuelve siempre. Vuelve cargado de historias, de sonrisas, de secretos. Vuelve con un incrementado amor por la vida.

Todo vale, mi amor, compañero. Hasta cambiar de opinión.

Todo implica todo. Amor mío, vida mía.

Foto de Portada: Bodegón con Mangos, Scott Kiche, Guatemala

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