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El orgasmo como batalla campal.

by Mar Marquez
El orgasmo como batalla campal.

El orgasmo como batalla campal.

2–0.


Dos ejércitos. Cero mentes.

A veces después de follar me quedo muy triste. Me corra o no, me quedo muy triste.

A veces he sentido el encuentro como una competición de figuras televisivas, grabables. O se me ha antojado en esos instantes como una persona desconocida alguien con quien llevaba compartiendo años.

Otras he sentido que era la batalla del orgasmo. La interacción de dos cuerpos sin mente, en la que el empeño mútuo se reducía a la manipulación de unos genitales en la ritualidad de una masturbación acompañada, con el modus operandi del camino más corto de vuelta a casa.

Dos cuerpos sin mente compartida. Cada uno en una historia lejana que le ayude llegar a la meta silenciosamente acordada del ‘terminar’ lo que no acaba de empezar.

Eso es masturbación asistida.

Y no la desestimo, es una manera más de compartir un encuentro sexual.

Una relajada masturbación a tu acompañante mientras disfrutáis de una película de la cual no queréis perder el hilo. ¡Maravilloso, morboso, totalmente deseable por mí!

Porque mi decepción no se halla en el magreo de un clítoris o el delicioso sube y baja de una paja fálica e incluso flácida. Mi desencanto solo habla de la fijación universal y cansina de esperar el orgasmo del otro como el maná de Yahvé, asumiendo que este milagro caído del cielo es el resultado de un trabajo bien hecho, de un logro personal que te sube la autoestima como los likes de la última reflexión que expusiste en una red social.

Y no digo que haya que alcanzar el premio Alfaguara en cuanto a creatividad o ejecución; aquí solo exijo la presencia mental en el lugar donde ocurrieron los hechos, como si de un caso policial se tratase.

Presencia.

Solo hablo de presencia sin puntualizar la manera y sin acusar los silencios.

La presencia es algo que se transmite: llámalo sexto sentido, llámalo alma, llámalo microgestos. Al igual que se reconoce al oyente aburrido que desconecta de la historia que le estamos contando mientras nos asiente con la cabeza. Todo hemos sido ese falso espectador alguna vez; obligado a estar de cuerpo presente…pero con el pensamiento en muchos otros sitios. Y eso se nota.

El alma evaporada del cuerpo se nota.

Hablo de la ejecución de la mecánica de los orgasmos sin la intermitencia que te da la consciencia.

La consciencia : conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones, pero también se refiere a la capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento.

La consciencia es la presencia en el acto en sí.

La desilusión de la tardanza, el fracaso personal de la baja intensidad orgásmica, de la carencia de lubricación , de la pérdida de erección. ¿Nos convertimos en ratas de laboratorio de un científico deseoso de llegar al resultado sin formular varias hipótesis?

Me he masturbado toda la vida con la frecuencia y el amor suficiente como para no necesitar rogar a unos dedos ajenos que me regalen incienso, oro y mirra. Siempre he tenido la necesidad de follarme unos ojos, una mente, una voz, una sorpresa y sentir en toda mi piel que el tiempo se para aunque me estén golpeando rápido y fuerte.

Mi tiempo se debe parar en la sensualidad de mi lecho y que las líneas rectas de la geométrica realidad se me transformen curvas .

¡Quiero hallarme altamente intoxicada por una subida de libido tal , que me haga olvidar mi nombre y a qué especie pertenezco! ¡Podríamos escribir un guión diferente con protagonistas comprometidos en el placer de la neurona del otro!

Yo no necesito orgasmos en mi vida. Necesito experiencias orgásmicas con clímax o sin él , pero que me transporten y me mantengan en la galaxia del deseo. Y es que desear con intensidad es orgásmico. Sentir unas manos que bajan por la espalda sin saber dónde van a parar, es orgásmico. La palabra precisa en el momento correcto, es orgásmica. Pero una serie de contracciones musculares con resultado altamente placentero pero vacías de significado conscientea mí, personalmente, no me invita a compartir mi tiempo, mis energías ni mi dedicación erótica al cuerpo desnudo de un visitante nocturno.

A veces he sentido que sólo éste era el destino de un revolcón y como venganza he jugado esa misma liga, para sentirme después aún peor.

Y así nos transmitimos parte del conocimiento sexual; de cama en cama, arrastrando los rencores de un sexo insatisfecho en el que cada cual y cada vez cada uno es más egoísta, más controlador de la expresión de sus sentimientos, más cobarde en la manifestación de sus ganas de amar esos minutos a quien quiera que tenga arropado entre las sábanas.

Y es una cadena en la que unos nos enseñamos a otros lo que no queremos ni debemos hacer, protegidos por las rutinas sin arriesgar a desatar a la bestia salvaje que quiere posesión y entrega a partes iguales.

He tenido entregas maravillosas con desconocidos amables y altruistas que han susurrado palabras de un amor fugaz y sucio en mi oido y me han elevado más alto que la torre de babel. Y es en esta misma torre donde muchos maravillosos amantes de varios cotidianos y yo empezamos a hablar lenguas diferentes…joder, con lo bien que me entiendo yo con las lenguas…

Y este propósito de Yaveh de no entendernos se refleja en las consultas sobre lubricantes porque estoy seca, las pastillas porque no se me pone dura, las cremas para intensificar orgasmos, al ‘dame algo para que ella tenga mas ganas’ (una escoba? una oreja de gomaespuma?), retardantes, autodiagnósticos en precocidad eyaculatotia, anillas estranguladoras… Es como usar magdalenas para el dolor de garganta.

Usar juguetería y cosmética de placer como remedio a la falta de tiempo para la reconstrución del concepto de tiempo en sí: propio de la prisa.

Un libro por o con cada ungüento.

Una reflexión personal tras cada consulta.

Una exigencia particular en mis encuentros: prohibido cometer los mismos errores; prohibido estar triste después de follar, al fin y al cabo la responsabilidad es única y absolutamente mía, ¿no?

Foto de Portada: When Harry Met Sally. 1989 dirigida por Rob Reiner y protagonizada por Billy Crystal y Meg Ryan. Nominación al Premio Óscar 1989 al mejor guion original (Nora Ephron).

Ambientada en Praga durante 1968, la Insoportable levedad del ser trata de un hombre y sus dudas existenciales en torno a la vida en pareja, convertidas en conflictos sexuales y afectivos. La novela relata escenas de la vida cotidiana trazadas con un profundo sentido trascendental: la inutilidad de la existencia y la necesidad del eterno retorno de Nietzsche por el que todo lo vivido ha de repetirse eternamente, solo que al volver lo hace de un modo diferente, ya no fugaz como ocurrió en el principio.

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