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¿He venido a follar o al concurso de Miss Universo?

by Mar Marquez
¿He venido a follar o al concurso de Miss Universo?

¿He venido a follar o al concurso de Miss Universo?

Amantes y jueces.


Andaba contándome una amiga una noche de affaire con un desconocido….

Bien disfrutaba yo de esta charla — no hay charla que me guste más que las de situaciones extrañas y sorpresas bien avenidas con tintes de sensualidad y notas de sexo explícito hasta allá donde cada una me quiera contar — cuando de repente:

Mi Amiga: Y Mar, me dijo… “Tía, tienes las tetas pequeñas pero bueno, con una forma bonita”

¿Que qué?

Cambié la expresión de amable oyente, mordí con fuerza la galleta que sostenía y tamborileé los dedos sobre la mesa:

Grrr, a ver, ¿qué mierda de comentario es ese?

Y aquí estaba, delante de mí otra vez, la maldita costumbre de emitir valoraciones en voz alta sobre el cuerpo de otra persona. Discúlpenme caballeros, pero tengo que decir que en un alto porcentaje, esta puñetera manía es vuestra.

La cama no es la puta pasarela de un concurso de belleza.

Si nos molestan algunos consejos cuando NO han sido pedidos, imaginaos el juicio sobre un aspecto físico en medio de un juego de conquista.

¿Es quizás una estrategia, para desarmarnos y encubrir vuestra propia inseguridad?

No soy una exagerada, no hablo de demonizar los comentarios sobre el cuerpo. Estamos en un contexto sexual. Hay físico por todas partes, ya. Pero, ¿no es mucho más humilde y honesto decir: cuánto me gusta tu pecho, cuánto me gusta tu coño o cuánto me gusta tu olor? ¿Para qué arar la tierra de las comparaciones y sembrar la semilla del miedo a no gustar, a no llegar al nivel, a no cubrir las expectativas del/la gilipollas del/la amante en cuestión?

Ni si quiera Facebook propone un sistema de valoraciones ‘dislike’.Si no te gusta, no compartes.

Si no te gusta, no repitas.

Nosotras también la cagamos. A nosotras nos fastidia que ellos no vistan como nos gusta. ¿Qué queremos, sacarlos a pasear como un perro y que nos admiren por nuestra caza? Tonta, idiota. ¿Por qué nos acercamos a personas que queremos cambiar desde el minuto uno? Y peor aún….¿por qué nos quedamos junto a ellas?

Y volviendo a la cama… ¿por qué cuando nos premian o castigan los tamaños de nuestras voluptuosidades carnales no hacemos lo mismo?¿somos conscientes de lo que acabamos de oír? ¿Ponemos límites al emisor en su dañino mensaje o lo asumimos sin más incluso haciendo un absurdo alegato de defensa?

Mmm, que pollón que tienes pero te cuelgan los huevos como a un elefante.

Yo respeto. Respeto el tamaño de los penes, respeto la altura, respeto una cara más o menos bonita a mi parecer, respeto la calvicie, el pelo en el pecho, en la espalda, en las orejas, respeto un culo blando, una cintura demasiado estrecha.

Respeto todo lo que me gusta y no me gusta porque a mi vida se viene a amar.

15 AÑOS (primer novio): me dejó porque los amigos le decían que yo estaba demasiado buena para él,al tiempo salía con una chica a la inversa que yo, bajita y con carnes y llena de piercings, super cool. Y creí que era guapa y tonta.

18 AÑOS (en una discoteca, bailando con mis amigas): me cogieron dos chicos por la cintura estando yo de espaldas a ellos y me dieron la vuelta quedando así expuesta en pocos segundos a su opinión y acertaron a gritar : ¡¡¡uhhhh, qué fea de cara!!! y volvieron a darme la vuelta, como una muñeca de trapo. Y creí que era fea.

20 AÑOS (rollete vasco) : ‘por qué no vistes como una chica normal, pareces una puta con ese top’ ‘tienes los tobillos anchos, las piernas muy gordas, eres como muy grande’ Y creí que era gorda.

AÑOS DESPUÉS(un chico en silla de ruedas): después de follar me dijo claramente ‘ Te falta carne, me gustan las chicas con más curvas’. Y creí que estaba demasiado delgada.

Un ex: cogió la costumbre de decirme cada vez que me besaba: ‘¡Qué alta!’ después de años largos de relación, quizás se lo empecé a parecer porque andaba enrollado con una mucho más baja y no sabía acallar su asombro ante la comparativa. Eso ocurre cuando uno miente mucho, las palabras como flores en el desierto, encuentran su halo de vida. Y creí que era demasiado alta.

En otra ocasión: me dijeron que si mi cara estuviera al nivel de mi cuerpo, sería difícil hasta acercarse hablar conmigo de lo que impondría, que sería modelo. Se supone que era un piropo. Y volví a creer que era fea.

Me falta papel para seguir escribiendo.

¿Se me puede acusar de ser saboteada por mi propia inseguridad?

El amante que cruza las líneas de mi cama entra en un lugar seguro. Entra en un lugar lleno de respeto. Dure unas horas o toda una vida. Respeto por las personas que me rodean, por las que se cruzan en mi camino y aún más por las que despiertan algún tipo de interés en un día cualquiera. Todos somos del verbo ser, nadie tiene más o menos. Pido lo mismo para mí.

Soy responsable de mis gustos, soy responsable de elegir con quién me acuesto o a quién amo e intento ser coherente en mis elecciones. Yo me enamoro del físico a través del carácter de la persona. No hay nada bonito o feo cuando amo durante un segundo o toda una vida. Solo hay persona.

Mientras tanto, mi amiga sigue ahí delante, esperando que termine de decretar las reglas de mi cama. Acabo este monólogo irascible delante de unas galletas de almendra que me atragantaban, ella me mira con media sonrisa y me dice: ¿ no lo llamo más, verdad?

Chico torpe. Torpe.

Foto de Portada: Venus de Urbino — Tiziano — 1538

Un repaso exhaustivo de los «cánones» de la fealdad, firmado por el gran Umberto Eco.

Tras la Historia de la belleza, he aquí la Historia de la fealdad. En apariencia, belleza y fealdad son conceptos que se implican mutuamente, y por lo general se considera que la fealdad es la antítesis de la belleza, hasta el punto de que bastaría definir la primera para saber qué es la segunda. No obstante, las distintas manifestaciones de la fealdad a través de los siglos son más ricas e imprevisibles de lo que comúnmente se cree.

Tanto los fragmentos antológicos como las extraordinarias ilustraciones de este libro nos llevan, pues, a recorrer un itinerario sorprendente hecho de pesadillas, terrores y amores de casi tres mil años, donde los sentimientos de repulsa y de conmovedora compasión se dan la mano, y el rechazo de la deformidad va acompañado de éxtasis decadentes ante las más seductoras violaciones de todos los cánones clásicos. Entre demonios, locos, enemigos terribles y presencias perturbadoras, entre abismos repulsivos y deformidades que rozan lo sublime, navegando entre freaks y fantasmas, se descubre una vena iconográfica extraordinariamente amplia y a menudo insospechada.

Así que, tras haber contemplado a lo largo de estas páginas la fealdad natural, la fealdad espiritual, la asimetría, la falta de armonía y la deformidad, en un sucederse de lo mezquino, débil, vil, banal, casual, arbitrario, tosco, repugnante, desmañado, horrendo, insulso, vomitivo, criminal, espectral, hechicero, satánico, repelente, asqueroso, desagradable, grotesco, abominable, odioso, inmundo, sucio, obsceno, espantoso, abyecto, monstruoso, horripilante, vicioso, terrible, terrorífico, tremendo, repulsivo, nauseabundo, fétido, innoble, desgraciado, lamentable e indecente, el primer editor extranjero que vio esta obra exclamó: «¡Qué hermosa es la fealdad!»

CURIOSIDADES: TRASTORNO DISMÓRFICO CORPORAL.¡Maldito espejo! El miedo a la fealdad
La belleza es determinada por el ojo que observa. Sí, es una frase sabia, pero la sentencia adquiere un significado…www.losandes.com.ar

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